DESCANSER: descansar para ser, lo llama así José María Toro.
Vuelvo la vista a mis huellas y contemplo un largo camino hacia delante con esfuerzos, satisfacciones, ilusiones, dificultades... Todo un año con algunos retos importantes, saturación de esos dioses menores de la tecnología, de contactos (virtuales y reales), de frentes abiertos al mismo tiempo. Mucho HACER. Hay que dejarle más sitio al SER.
Me siento satisfecha no obstante por haber conseguido logros, por haber aprendido (me encanta descubrir y aprender) y conocido sitios nuevos; por haber disfrutado con personas y actividades gratificantes. Por haberme superado a mí misma y haber crecido un poco más por donde no mengua la vida.
¡ Descanso! necesidad ineludible para reponer energía.
Quiero despegarme de la tierra ahora y fundirme en un cielo y un mar que me contemplen a mí.
Un mar en calma.
Oleaje y tempestad de experiencias. La mente agitada es muy ruidosa, un mar revuelto de ideas obsesivas, recuerdos desagradables, deseos incumplidos, emociones dolorosas, largas listas de tareas pendientes, planificaciones exhaustivas, exigencias desproporcionadas, expectativas elevadas... ¡todo eso es tremendamente agotador!
Es como remover barro. Solo en la quietud y el silencio sedimenta el barro, y entonces el agua clara se transparenta y refleja el cielo.
Eso es descansar para mí. Un ritmo pausado.
La relajación y la meditación crean espacios de quietud y silencio.
Recargar las pilas es también nutrirme: con alimentos, ejercicio, respiración, pensamientos positivos, actividades creativas, contacto con la naturaleza, buenas compañías y buen humor.
Así van a ser mis vacaciones.